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sábado, 11 de diciembre de 2010

Corridos sobre el 27 de enero

El corrido en México es una forma musical y literaria popular mestiza. Existen corridos desde el siglo XIX, que relatan acontecimientos de la independencia de México y otros acontecimientos históricos. Parte de un saludo o presentación, luego relata un hecho casi siempre histórico y termina con una despedida.

Los corridos más conocidos en México relatan hechos revolucionarios y entre más popular sea el personaje, más corridos se le dedican, como es el caso de Francisco Villa y Zapata.

En Baja California, durante el hecho conocido como asalto a las tierras de 1937 en el valle de Mexicali, se escribieron varios corridos. Casi todos son vivencias de los participantes que de esa manera escribieron la historia del movimiento y su participación en el mismo. Los corridos son una excelente lección de historia.

Los campesinos que participaron en el movimiento agrario relataban que cuando los llevaron presos a la cárcel o los sótanos de palacio de gobierno, cantaban corridos revolucionarios o el corrido del Agrarista.



Corrido Agrarista
Lorenzo Barcelata y Ernesto Cortázar

Marchemos agraristas a los campos
a sembrar la semilla del progreso
marchemos siempre unidos sin tropiezo
laborando por la paz de la nación

No queremos ya más luchas entre hermanos
olvidemos los rencores compañeros
que se llenen de trigo los graneros
y que surja la ansiada redención

Voy a empezar a cantarles
la canción del agrarista
les dirá muchas verdades
señores capitalistas

Es el sentir de los pobres
los que en el campo trabajamos
los que con tantos sudores
nuestras tierras cultivamos

¡Ay…ay…ay…ay!
luchando por nuestro anhelo,
murieron muchos hermanos,
que digno ejemplo nos dieron
¡Ay…ay…ay…y

Nuestro lema es el trabajo
queremos tierras y arados,
pues la patria necesita
de sus campos cultivados

Cantemos todos unidos
la canción de la esperanza,
la más bonita canción
de libertad y de unión

¡Ay…ay…ay…ay!
Luchando por nuestro anhelo,
murieron muchos hermanos
que digno ejemplo nos dieron
!Ay…ay…ay…ay!

(Se repite)

Marchemos agraristas a los campos
a sembrar la semilla del progreso
marchemos siempre unidos sin tropiezo
laborando por la paz de la nación

No queremos ya mas luchas entre hermanos
olvidemos los rencores compañeros
que se llenen de trigo los graneros
y que surja la ansiada redención


2._El Asalto a las tierras
Anónimo

Un veintisiete de enero
del año del treinta y siete,
se dio el asalto a las tierras
por un puñado de gente

Álamo Mocho y Sesbania,
también Michoacán de Ocampo,
la Hidalgo, Mina y Victoria
acordaron el asalto
Tomaron en Mexicali
los ranchos de la chinesca
a la River Colorado
le expropiaron su riqueza

Viva el Asalto a las tierras
cantemos los campesinos,
rescatemos las parcelas
de hindúes, gringos y chinos

Hipólito Rentería,
Guillén, Leonardo y don Crespo
lucharon por la tenencia
y reivindicación del campo

Cárdenas fue el presidente,
el fundador del ejido,
dio tierra a toda la gente
apoyando al campesino

El asalto a la tierra
ya se escribió en nuestra historia
nuestra gente lo festeja
en mi Baja California



3._Emigdio Mora Pantoja, originario de Michoacán fue uno de los agraristas que participaron con la comunidad Michoacán de Ocampo. Participó en la toma de tierras de la Colorado River Land Company y recibió su parcela al formarse el ejido. Vivió en el ejido hasta su muerte. Don Emigdio, dotado de gran sensibilidad plasmó sus ideas sobre el 27 de enero en un corrido.

Corrido a la gesta del 27 de enero

Debemos de recordar aquel notable valor
el valle de Mexicali quedó cubierto de honor
los agraristas unidos le hicieron reclamación
directamente a Cortina, las tierras de la nación.
Era Navarro Cortina gobernador entonces
del Distrito Norte de la Baja California.

El veintisiete del año del treinta y siete
el movimiento estalló confiando en el Presidente.
Se les negaban las tierras que tenía la Colorado,
pero ya los agraristas, su proyecto habían formado.
Cortina siempre apoyó a la River Colorado
movilizó al batallón que de aquel grupo se ha burlado

Llegaron los federales preguntando por los jefes,
aquí no tenemos jefes, pues todos somos iguales.
Díganme quien es el jefe, se lo pido por favor
porque eso es lo que me pide el señor gobernador.
Aquí no tenemos jefes, le contesta el Bruma de los puntos,
primero muertos, tirados, que desamparar el punto.

Se llevaron a Ignacio Sánchez, también a Jesús Cibrián,
van en calidad de presos, sabe dios si volverán
El 28 en la mañana estábamos desesperados
por nuestros dos compañeros que llevaron los soldados.
Los grupos todos unidos con gran resolución,
llegaron al acuerdo de enviar una comisión.

Salieron dos camaradas con un valor competente
rumbo a la capital, a hablar con el presidente.
Primeros días de marzo, ya el periódico oficial
traía publicada la resolución presidencial.
El presidente atendió porque creyó necesario
basado en los fundamentos que marca el código agrario.

Decidió allí el General, a quien ya era campesino,
dándole todo su apoyo al Licenciado Gabino
Se preparó el Licenciado con gran valor y esmero.
era cosa de admirar aquel grupo de ingenieros,
cuando llegó a Mexicali, era una sola alegría,
gritaban los agraristas _!Que muera la compañía!

¡Abajo los cortinistas!, Nacho decía muy contento,
no queremos detención, ni hacer el fraccionamiento
agraristas de la Baja, aquí terminan sus penas.
sin duda, Gabino Vázquez, fue quien quebró las cadenas.
Tratamos este corrido con alegría y con afán,
este favor le debemos al Héroe de Michoacán.

Estos son los resultados del 27 de enero
debemos darle un aplauso al banquero Caballero
aquí van a despedir, cantando con alegría,
quedaron los agraristas con tierra y con garantía

Corrido a Hipólito Rentería
Profra. Hida Aguilera Alcántar

Vengo a cantarles a todos
un corrido muy mentado
de un hombre muy afamado,
como no ha existido otro,
Hipólito Rentería
el caudillo de nosotros.

Nacido allá en Michoacán
en Puruándiro querido
hombre de revolución,
dirigente campesino,
defensor de los derechos
del pueblo y del agrarismo

Comunidades agrarias
lo eligieron presidente
y el veinticinco de enero
del año del treinta y siete
en la Emiliano Zapata
se reunió con mucha gente

El motivo ya lo sabe
si no sabe le diremos
en la colonia Pacífico
la historia decidiremos
que el 27 de enero
las tierras las tomaremos

Hipólito Rentería dirigió
este movimiento
¿Cómo olvidarte gran hombre
¿Cómo pagar compañero
nosotros los campesinos
a ti todo te debemos

Adios Colorado River,
adios rancho algodonero
con el Asalto a las Tierras
ya perdiste tus terrenos,
mexicanos adelante,
hoy seremos nuevos dueños.

Vuela, vuela palomita
por Mexicali y su valle,
y llévale gratitud
a Hipólito donde se halle,
y llévale gratitud
a Hipólito donde se halle.

Escenificación El Asalto a las tierras

Escenificación escrita por la profesora Hilda Aguilera Alcántar, durante un curso de PACAEP, para aplicarse en la escuela primaria el 27 de enero


El Asalto a las tierras

Primera escena
Narrador:
El 25 de enero, Hipólito Rentería y los hermanos Guillén organizaron una reunión con los miembros de la Federación de Comunidades Agrarias (de la que Hipólito era presidente), en la escuela Emiliano Zapata de la colonia Pacífico, donde ocurrió lo siguiente:

Campesino 1_
¡Es insoportable esta situación!

Don Hipólito:
Si compañeros, ninguno de nosotros queremos ya aquí a la Colorado, pues desde hace más 30 años es dueña de casi todo el valle de Mexicali

Campesino 2:
¡Eso no es justo! Nomás les renta tierras a chinos y japoneses. A los mexicanos no les renta porque tiene miedo de que le quiten la tierra a la que no tiene derecho

Hipólito:
Así es, por ley, las tierras deben ser para los mexicanos, debemos organizarnos para tomarlas

Todos:
Si, las tierras son de México y deben ser nuestras

Hipólito:
Entonces compañeros, debemos organizarnos, el 27 de enero cada grupo tomará las tierras de los ranchos donde trabajan

Segunda escena
Narrador:
Don Filiberto Crespo, era el tesorero de la Federación y fue a Mexicali a comprar un rollo de tela roja, para hacer las banderas con las que debían señalar las tierras que tomarían. También se elaboró una bandera para cada comunidad.
Tercera escena


Narrador
El 27 de enero a las seis de la mañana cada grupo debía dirigirse a los ranchos donde trabajaban y tomar las tierras que desde ese momento consideraban suyas. Los miembros de la comunidad Michoacán de Ocampo llegaron a los ranchos 2, 3 y 15 de la Chinesca.

Leonardo Guillén
Coloquen las banderas alrededor del terreno y hay que hacer un campamento. Hagan hoyos en la tierra y lumbradas para aguantar el frío.

Narrador
Esa noche hacía mucho frío y pos cuales cobijas ni chamarras, con la pura lumbrada nos calentamos y ya en la noche vimos una luces a lo lejos. Eran los soldados

Campesino 3
¡ay vienen los esbirros de la Colorado!, ay vienen, pero no se asusten, ¡todos juntos aquí!

Campesino 4
Que no agarren a los jefes, váyanse don Leonardo, escóndase.

Campesino 5
Ya se acercan las luces, son unos troques

Campesino 6
Son las guardias blancas de la Colorado

Narrador
Llegan los soldados, rodean a los agraristas y cortan cartucho de sus mausers

Coronel Orozco
¿Dónde están los jefes, que se entreguen los jefes

Campesino 7
Aquí no tenemos jefes, todos somos iguales

Coronel Orozco
Entréguenme a los jefes, es lo único que quiere el gobierno

Campesino 7
Aquí no tenemos jefes, dígale al gobernador Cortina


Coronel Orozco
Entonces váyanse todos, no tienen derecho a estar aquí, ¡Estas tierras son extranjeras!

Viejito
Me perdona mi coronel, pero voy a decir unas palabras. Me admira y me entristece que siendo usted un guardián de la patria, diga que estas tierras son extranjeras. ¡Estas tierras son mexicanas y vamos a tomarlas dentro de la ley!

Coronel Orozco
Bueno, entonces muévanse para el camino, es la única tierra nacional

Cuarta escena (campamento)

Narrador
Dos días después regresaron los soldados buscando a Don Hipólito, pero como no lo encontraron decidieron llevar preso a Leonardo Guillén. Los campesinos se unieron y gritaron, si se lo llevan a él que nos lleven a todos.

Capitán
Súbanse todos a los troques, vamos al sótano de palacio, pero antes… quiten esa bandera nacional y la bandera roja. ¡Bájenlas de ese árbol!

Don Félix
Mi capitán, esas banderas yo las estoy cuidando y no las voy a quitar, si quiere quítelas usted, pero antes me mata que quitarlas!

Capitán
Bueno, déjenlas ahí

Narrador (banderas nacional y agrarista)
Se quedó el viejito cuidando las banderas. Mientras, los agraristas fueron llevados presos al sótano de palacio de gobierno, pero no estaban tristes ni asustados, todos cantaban corridos de Zapata, del agrarista. Dos días después a palacio llegó un telegrama

Soldado
Señor gobernador Navarro Cortina, el Presidente le mandó este telegrama

Gobernador Rafael Navarro cortina
El presidente Cárdenas ordena que los campesinos salgan libres. ¡Echenlos fuera!
Campesinos
Ahora si, vamos a las tierras que marcamos con las banderas rojas


Hipólito
Señores, el presidente ordena que vaya una comisión de campesinos para informarle de la situación que hay en el valle. Que vayan Leonardo Guillén y Filiberto Crespo

Escena seis (Palacio de Gobierno, el presidente sentado en un escritorio. Guillén y Crespo en un sillón)

Presidente Cárdenas
No se preocupen por sus compañeros, mandaré una comisión del Departamento Agrario para que resuelva los problemas que tienen por allá. Tomen estos boletos de avión para que regresen a Mexicali y lleven este telegrama a los agraristas.

Hipólito con el telegrama en la mano
El presidente mandará una comisión para que reparta las tierras, pronto serán nuestras compañeros

Campesinos todos.
Aplausos, gritos de viva, bravo

Narrador
La primera comunidad que recibió sus parcelas fue la de Álamo Mocho a principios de marzo de 1937. Tres meses después del Asalto se habían creado 40 ejidos que beneficiaron a 700 familias

Doña Petra, homenaje póstumo

Yolanda Sánchez Ogás

Es para mí una gran satisfacción que en este día me hayan ofrecido la oportunidad de decir unas palabras sobre Doña Petra, recordar unas pocas de las vivencias que a lo largo de 17 años que la visité, ella compartió conmigo.

Dejó de existir Doña Petra Pérez Hernández, compañera de Hipólito Rentería, dirigente de la Federación de Comunidades Agrarias del valle de Mexicali en 1937. Hablar de Doña Petra, es hablar de una persona muy interesante, no solo por su trayectoria de casi cien años, sino por la riqueza de valores que supo darle a su vida.

Quienes tuvimos la fortuna de estar cerca de ella, disfrutamos su trato amable, su gusto por la conversación, su conocimiento de las noticias, su alegría y su gusto por la vida. Ella no quería morir, su mayor deseo era conservar fuerzas para seguir accionando.

Vivió una larga trayectoria que empezó en Jora, Nayarit, su pueblo natal, en 1902 y terminó en Mexicali el 7 de diciembre del 2000. Doña Petra, con su profunda capacidad de observación, vivió e integró a su memoria cada etapa de su vida. Fue así como a través de ella conocimos tantas historias del México del siglo XX. “Nomás me acuerdo desde que tenía tres años” decía y empezaba a hilvanar los recuerdos de su memoria fabulosa, que le decía yo. !Cómo la envidiaba!

Por ella conocí como enseñaban las maestras hace noventa años: “el gobierno nos daba una pizarra y un pizarrín, algo parecido a un gis gris, la maestra dictaba y escribía en el aire. Nosotros en la pizarra, luego borrábamos para seguir escribiendo y al día siguiente debíamos decir todo de memoria”.

Quizá ese ejercicio cotidiano favoreció su excelente memoria, lo que me permitió disfrutar cientos de pequeñas historias. Sobre todo, por sus pláticas recorrí el Mexicali que no me tocó vivir. Ese Mexicali a donde ella llegó en 1929 y que tan fielmente retrataba con sus palabras.

Importantes fueron sus relatos sobre el Asalto a las Tierras dirigido por fundadores del ejido Michoacán de Ocampo. Ella estuvo muy cerca de esos hechos como compañera del líder de los campesinos, Hipólito Rentería. Decía: “las mujeres no participamos en el movimiento agrario, pero yo estaba siempre junto a Poli porque cada vez que salía, me daba miedo que algo le pasara, que ya no regresara”.

Fue tanta su precisión de estos hechos que no hay ningún trabajo de rescate de testimonios sobre el movimiento agrario donde no aparezcan sus relatos. Ella misma, pionera de la vida ejidal en el valle de Mexicali, tuvo una activa participación en todas las acciones para mejorar la vida de las familias campesinas. El 20 de noviembre de 1937, los ejidatarios del Michoacán de Ocampo desfilaron en Mexicali con un carro alegórico. Las mujeres del ejido representaron a la reina Xóchitl y Doña Petra fue guardia de honor.

Por órdenes de la esposa del Presidente Amalia Solórzano de Cárdenas, en cada ejido se formó una liga femenil. Doña Petra elaboró la bandera roja de la liga femenil del Michoacán de Ocampo que se llamó Amalia Solórzano de Cárdenas. Estaba integrada por las mujeres del ejido para organizar y mejorar la vida familiar. La liga femenil recibió máquinas de coser y en casa de Doña Petra se instaló un taller de costura donde las mujeres, ella incluida, aprendieron a coser su ropa.

Las profesoras que llegaban a trabajar en la escuela del ejido, tuvieron en la casa de Doña Petra alimentos y un cuarto donde dormir. Y en las fiestas para celebrar el aniversario del movimiento agrario, cada 27 de enero, durante años, en su casa se cocinaron parte de los alimentos que se ofrecían a los visitantes.

Durante el periodo en que Hipólito fue diputado, sus labores se trasladaron al Distrito Federal. Allá siempre tenía la casa llena de campesinos de todo el país, que llegaban a la capital y a quienes Don Hipólito ayudaba con alojamiento y comida. En México, Doña Petra tuvo oportunidad de leer novelas y revistas que algunas veces me mostraba, pero además las comentaba cincuenta años después de haberlas leído.

Doña Petra, cardenista convencida, el 18 de marzo de 1938, participó en la gran marcha al zócalo de la ciudad de México, apoyando al Presidente Cárdenas por el decreto de la expropiación petrolera. Tantas cosas que le tocó vivir y cuyo recuerdo compartió, porque !cómo le gustaba platicar! y qué bueno que siempre pudo hacerlo.

Hace unos 17 años, interesada en conocer a fondo el origen de la fiesta del 27 de enero, llegué al ejido en busca de información, Alguien me mandó con ella y sin conocerla llegué a su casa. Al decirle el motivo de mi visita, me dijo: “por pura educación la estoy escuchando, pero no quiero hablar de eso” y empezó a llorar. Sentí que le dolían los recuerdos y me retiré. Tiempo después volví y paralelas a una naciente amistad brotaron sus vivencias. Cientos de horas disfruté escuchando sus recuerdos, porque después, la buscaba sólo por el gusto de platicar con ella.

Con nostalgia, Doña Petra recordaba que cuando vivía Don Hipólito mucha gente los visitaba, y decía: “si estos pinos hablaran; aquí llegaban gobernadores, diputados, líderes, periodistas, mucha gente, pero cuando él murió, todo se acabó”. Y recordaba un refrán:

Así es la vida, como el árbol, cuando está de hojas copado
todos van a su sombra a veranear, llega el invierno y queda deshojado
y nadie se acuerda de que allí se fue a sombrear”

Con el tiempo, sus recuerdos se volcaron en el museo comunitario del ejido, cuyo origen no concibo sin sus relatos, objetos y fotografías, que también me prestó para crearlo. Entonces hubo una segunda etapa de muchas visitas, ahora a conocerla a ella. Gobernadores, diputados, funcionarios y sobre todo niños y profesores.

Cientos de niños la visitaron. Muchas veces estuve yo presente y siempre tuvo la palabra amable, la respuesta a las preguntas infantiles y el chascarrillo oportuno, de tal forma que todos se retiraban emocionados. Para ella todas las visitas eran importantes, pero mencionaba con frecuencia la del hijo de Emiliano Zapata y la del actor Pedro Armendariz, a quien conoció en una ocasión que la llevé al museo Hombre, Naturaleza y Cultura.

Armendariz dirigía un equipo que hacía un programa sobre Baja California para televisión. Se interesó en la historia del movimiento agrario y quiso entrevistar a doña Petra y sus hermanos. Lo llevé a casa de su hermano Pedro en el ejido, para grabar un programa de televisión que pasó a nivel nacional. !Cómo presumía que Pedro Armendariz la abrazó varias veces!

De Doña Petra hay mucho que decir, pero para terminar, transcribo algunos de sus pensamientos.

“Yo todavía quisiera hacer muchas cosas que están en mi mente, porque mi mente todavía está joven. Pienso todavía cosas buenas. Quisiera tener la lámpara de Aladino para formar un palacio hasta en el viento, pero en la realidad no hay nada, sólo soledad, porque todos están muy ocupados para atender a los viejos. Es que de los viejos, los parientes se acuerdan como si fuera un amigo con el que nunca se han peleado y de vez en cuando, cuando se acuerdan van a verlo, así es y ni modo. Pero de todos modos yo quiero seguir viviendo y aquí sigo sola en mi casita, porque cada quien tiene su carácter y mejor sola. No quiero que me pase lo que dice el dicho:

Por dios que la tierra tiembla, de lo pesado que estoy,
mal haya la casa ajena, no me corran, yo me voy

Así que aquí estoy, pero no me quiero morir. Cuando me muera, con el alma y la vida me quiero quedar sobre la tierra. Es que el que se va a lo profundo, en lo profundo queda. Ya sabemos que el que se muere, se muere, se acaba, pero si le queman y tiran sus cenizas para que el viento se las lleve, como que todavía queda algo. Yo quisiera que me quemaran y mis cenizas, aunque yo ya no exista, quedaran sobre la tierra para seguir viviendo y alternando con el polvo. Que el viento me lleve de aquí para allá. Cuando me muera, de veras quiero que me quemen y me tiren en Cerro Prieto, para seguir accionando.


Doña Petra, gracias a la vida por haberla conocido.
Su deseo se ha cumplido, Cerro Prieto la espera.
Descanse en paz.

Palabras pronunciadas en el homenaje que se le otorgó a Doña Petra en el ejido Michoacán de Ocampo. Diciembre 9 del 2000.

Doña Petra, diez años después

Yolanda Sánchez Ogás

Este día 7 de diciembre se cumplieron diez años de la muerte de Doña Petra, ella ya no está, pero sus pensamientos, su legado sigue. Está en muchos escritos que recogieron sus palabras, está en las fotos y objetos que legó al museo comunitario El Asalto a las Tierras del ejido Michoacán de Ocampo, está en el pensamiento y conocimientos de quienes como yo, conocimos con sus pláticas la historia del movimiento agrario y de la formación de los ejidos.

Está en alguna planta que nació en la tierra fertilizada con sus cenizas, esparcidas en el Cerro Prieto, como ella decía: No quiero que me entierren, quiero que tiren mis cenizas en Cerro Prieto y a van a nacer plantas que sirvan de alimento a algún animalito. Así nunca voy a morir. En mi pensamiento y en mis sentimientos siempre estará, por ello, en este aniversario de su fallecimiento recupero y comparto las palabras que escribí en un periódico y las que pronuncié en el homenaje que le rindieron en el jardín del ejido, alumnos, profesores y gente de la comunidad, hace diez años.

Doña Petra.
Vio amaneceres durante casi un siglo, muchos de ellos en su casa del ejido Michoacán de Ocampo donde vivía con la ilusión de ver un nuevo día. Privilegio que ella se empeñaba en conservar “no quiero morirme, mientras la lengua me funcione y pueda hablar quiero seguir viviendo”.

Y si, doña Petra Pérez Viuda de Rentería no solo conservó la capacidad de hablar, sino que, hasta el final de su vida, con plena lucidez platicaba sus andanzas por su natal Nayarit, un corto periodo que vivió en Estados Unidos y sobre todo, lo que vio en este Mexicali que conoció desde 1929, cuando por primera vez llegó a esta tierra.

“Nomás me acuerdo desde que tenía tres años” decía y empezaba a desgranar sus recuerdos. Doña Petra nació el 30 de mayo de 1902, en Jora, un pueblo perdido en la sierra de Nayarit. Vio transcurrir todo el siglo XX y murió el 7 de diciembre del 2000, a los 98 años. Aunque ella decía que había nacido en 1898, incluso, de una manera sencilla, su familia, personas del ejido y algunas amistades de Mexicali celebramos con una misa cien años de su existencia.

Pero, ¿quien es doña Petra y porqué importan tanto sus testimonios? Bueno, el sólo hecho de vivir ciento dos años indica que ha sido testigo presencial de acontecimientos que han marcado la vida de nuestro estado y del país . Actualmente, pocas personas nos pueden hablar de hechos revolucionarios como la llegada y alojamiento de los villistas en la ranchería donde ella vivía, de la vida y carencias de las personas durante la revolución.

Vivió los peligros de la construcción de la vía del ferrocarril del Pacífico, de La Quemada en Jalisco hasta Nogales, al recorrer con sus hermanos campamento tras campamento haciéndoles comida. En esa época fue testigo del esfuerzo de los trabajadores del ferrocarril expuestos siempre a que estallara la dinamita, como ocurrió en varias ocasiones.

Platicaba de sus temores cuando en Ciudad Obregón, cuando viajaba hacia el norte, sin saber de que se trataba, se vio envuelta en la rebelión escobarista de 1929 y no pudo continuar su viaje al. Vivió junto con la población el pánico de ver por primera vez un avión y peor aún, arrojando bombas al enemigo. Para nosotros los mexicalenses, los testimonios más importantes de Doña Petra son los que relata a partir de 1929, porque nos permiten conocer al Mexicali que no nos tocó vivir, pero que tiene tanto que ver con el Mexicali actual.

A partir de 1935, ya como compañera de Hipólito Rentería, presidente de la Federación de Comunidades Agrarias, conoció de cerca las acciones que tuvieron que ver con la aplicación de la reforma agraria en el valle de Mexicali. Doña Petra, como todas las mujeres, no participó directamente en la toma de tierras, sin embargo, como compañera del Presidente de esa Federación, ella fue testigo de todos los acontecimientos que llevaron a los campesinos del valle de Mexicali a acelerar la recuperación de las tierras proyectada por el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas.

Doña Petra participó activamente en la formación del ejido, como todas las mujeres de campesinos, verdaderas heroínas por su lucha contra el polvo que les cubría hasta las rodillas cuando recorrían kilómetros y kilómetros con su cajita de mandado a cuestas, cuando en los camiones, a veces cargados de algodón, iban al “pueblo” (Mexicali) a tratar de hacer rendir los dos pesos diarios que el banco ejidal les daba para el sostenimiento de la familia.

Mujeres como Doña Petra formaron los ejidos. En racas jaladas por caballos iban a los alrededores de Cerro Prieto a cortar ramas de ocotillo para hacer sus casas de cachanillla, acarreaban piedras que usaban como filtros para limpiar el agua del canal que bebían. Ellas construían hornillas, las camas de ramas y lonas que usaban. Vivían en lucha cotidiana contra los moscos, el calor que más de una vez dejó tendido en el terreno a los campesinos, el frío y las polvaredas del otoño e invierno. Acarreaban agua del canal hasta la casa por aquellos caminos enlodados. Todo eso nosotros lo vivimos, decía Doña Petra, pero ahora la vida en el valle es muy diferente.

Esas condiciones adversas no desanimaron a las mujeres, quienes de acuerdo a un decreto emitido por la esposa del Presidente Cárdenas, Amalia Solórzano de Cárdenas, solicitaba que las mujeres de cada ejido formaran una liga femenil para apoyo de ellas mismas y sus familias. En el ejido Michoacán de Ocampo las mujeres formaron la Liga Femenil “Amalia Solórzano de Cárdenas” y fue Doña Petra quien elaboró la bandera.

En 1989 tuve la suerte de poder formar un Museo Comunitario en la antigua escuela del ejido. Acudí a Doña Petra. Ella, esposa del líder del movimiento agrario, del primer diputado campesino de Baja California y dirigente de la Liga de Comunidades Agrarias y además poseedora de una excelente memoria y buena disposición, era la persona indicada como informante, para proporcionar objetos y fotografías. En su primera etapa, el museo se formó en buena medida con su apoyo.

Por toda la riqueza de conocimientos que nos ha proporcionado, a mí en lo personal y a la población mexicalense en general, ya que este museo recibe la visita de miles de estudiantes de todos los niveles cada año, agradezco a Doña Petra Pérez Viuda de Rentería, los cien años de experiencias acumuladas y compartidas. GRACIAS.

Doña tenía un amplio repertorio de refranes que aplicaba a las diversas situaciones que se presentaban.:
Yo soy como el palo blanco,
ni me seco ni enverdezco,
pero siempre
ocupando el campo

Color zorrillo (entre prieto y blanco)

Era como el burro
del buen pastor
no tenía ni querencia
ni amor

Si es para esa cosa
aunque sea cojeando iré